17

oct 2013

Gobierno, salarios y mentiras nada piadosas

17 de Octubre de 2013. Javier Perez Ferre

Por Jaume Mayor Salvi. Secretario de Acción Sindical y Relaciones Laborales de CCOO PV.


El Presidente del Gobierno español afirmó en Japón, hace apenas quince días, que España es un destino perfecto para las inversiones niponas por la notable caída de los salarios de los españoles (gracias a su flamante reforma laboral). Sin embargo, su Ministro de Hacienda afirmaba esta semana, en sede parlamentaria, que en España los salarios no caen, más bien todo lo contrario, suben, si bien de forma moderada. Una contradicción recurrente que da muchas pistas sobre el nivel de credibilidad de estas personas que nos gobiernan. Obviaremos la empecinada vehemencia con la que el Ministro Soria quiere hacer pasar el meridiano Greenwich por Canarias, como si esto fuese un elemento decisivo para la recuperación económica del país y la creación de empleo.

Que los salarios en España llevan tiempo cayendo es algo que afirma, entre otros, el mismo Banco de España. Pero, sobretodo, es algo que saben bien las personas que todavía tienen un puesto de trabajo al que acudir, para hacer jornadas más largas, a cambio de salarios más cortos. Que la clase trabajadora, sea cual sea el subgrupo en el que nos encuadremos, ocupados del sector público o privado, desempleados, jubilados o incluso autónomos, vea como sus ingresos son cada día más escasos al tiempo que sus gastos (luz, agua, alimentos y productos de primera necesidad en general) crecen de manera continuada, es sin duda un problema grave. Y que este freno infligido al consumo privado de las familias cierra el círculo vicioso de la depresión económica, una obviedad. La gente no consume porque tiene menos ingresos y más gastos y los negocios (los pequeños negocios que son más del 92% en el País Valenciano) tienen que ir cerrando ante la ausencia de clientes (esos trabajadores o parados o jubilados empobrecidos).

Que la bajada de salarios era uno de los objetivos centrales de la reforma laboral, ya no parece discutible, CCOO lo denunció desde que conocimos el contenido básico. Ya sólo los más ricos de España, [millonarios que aumentaron en número un 13% al calor de la crisis, y sus bien pagados técnicos, que siguen emitiendo informes a la altura de su ilimitada ambición], sostienen que ese sea el camino hacia la recuperación económica y, por tanto, hacia el fin de esta polarización social que estamos viviendo. Este sindicato no se va a cansar de ponerse enfrente de quienes nos llevan por ese camino, y de hacerlo con propuestas alternativas, concretas, reales y posibles, como ha hecho siempre, en las que el bienestar colectivo pese más que la cuenta de resultados de las empresas del IBEX 35.

Las reglas del juego que han diseñado y que han puesto en práctica se han revelado como una máquina eficaz y precisa en la generación de sufrimiento, de miseria, de desigualdad. Qué lejos queda un tiempo tan reciente, en el que el progreso servía para mejorar, aunque fuese tímidamente, la condiciones de vida de la mayoría de la población.

No es la política lo que nos ha traído donde estamos, es determinada forma de hacer política, poniéndola al servicio de los que más tienen. Es urgente, es absolutamente necesario cambiar esas directrices y poner a las personas en el centro de la toma de decisiones. Las políticas laborales y las de protección social son determinantes para establecer la calidad de vida de los ciudadanos sobre las que se aplican.

Un primer paso, necesario pero no por ello suficiente, sería romper esa estrategia de prostitución del lenguaje que lleva a convertir las mayores injusticias en necesidades técnicas. Ahogar a las personas ha pasado a llamarse rescate, la autoexplotación sin derechos se denomina ahora emprendedurismo y tener un puesto de trabajo indefinido (cada día más escasos e inseguros) un privilegio.

Que actuales y pertinentes suenan ahora las palabras de Margarite Yourcernar cuando por boca del Emperador Adriano decía: "Parte de nuestros males proviene de que hay demasiados hombres vergonzosamente ricos o desesperadamente pobres".

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