11

ago 2017

Anomia laboral

11 de Agosto de 2017. Daniel Patiño Miñana, secretario de Acción Sindical CCOO PV

En la última semana se han publicado numerosos datos del mercado laboral en España, que se pueden interpretar de forma dispar según a qué lado se esté en el conflicto capital-Administración-trabajo.


Más allá de su valoración cuantitativa, estos datos reflejan un desequilibrio en la democracia de las empresas, entre el cuasi absoluto poder empresarial y la resiliencia de los trabajadores. Las grandes cifras macro y ciertas algarabías interesadas, demuestran que hay mucha más actividad para los puestos de trabajo que realmente se crean. Y ello no responde a determinadas aptitudes laborales ni a falacias de baja competitividad por rígidos mercados laborales.

Instalados en ese discurso, nos encontramos ante un mercado laboral que prima la desregulación, cuando no la absoluta ausencia de la misma. Mencionaré dos datos para explicar esta afirmación y cómo reinterpretarlo.

Alrededor de 18.000.000 de horas menos trabajadas que al inicio de la crisis. Poco creíble ante los datos de actividad en todos los sectores. Aquí no se cuantifica la millonaria cifra de horas extraordinarias que se tiende a no abonar y, por supuesto, a no cuantificar: directamente a la cuenta de beneficios. Por tanto, es más evidente pensar que directamente el empresariado consigue que nadie ejerza de contrapoder en la empresa a la hora de contratar parcialmente. Y si te quedas más horas, “es la costumbre”.

El segundo dato resultará frívolo, pero esconde aún más frivolidad. El lunes 3 de julio se batió el récord (otro más este verano) de afiliaciones a la Seguridad Social, la mayoría en el sector servicios. Lo que en otro país civilizado causaría estupor, en este pasa desapercibido. Porque, de nuevo, es la costumbre. “Qué más da un par de días antes o después, ¿quieres trabajar? Esto es lo que toca”.

Ante esta situación de anomia y de falta de voluntad legisladora para el control y el reequilibrio laboral, hemos de acudir a la Administración. La Inspección de Trabajo, desde un ordenador, puede hallar los indicios que corrijan ese abuso empresarial. Porque nadie se cree que 2.500.000 de contratos temporales en el País Valenciano durante 2.016 estén justificados, ni que el lunes 3 de julio debamos recordarlo como el día récord de la recuperación económica, ni que más del 40% de contratos sean a tiempo parcial porque hay menos actividad (con la clásica estacionalidad del sector hostelero y las cifras récord de visitantes).

Más democracia es equilibrar este macropoder empresarial, con más cohesión social. Si no se reparten hoy los beneficios de este crecimiento del PIB y de la actividad, evidentemente, traerá consecuencias mañana. Si queremos acusar a los robots y a la digitalización de la más que previsible pérdida de empleo futura, como mínimo, hoy debemos reestablecer una legislación laboral efectiva. La anomia laboral nos sitúa en el mismo plano que países dictatoriales de los que no queremos ni oír hablar.

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