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nov 2018

Señoría, ¡no me tire de las coletas!

26 de Noviembre de 2018. Pilar de Vera

Cuando lean este artículo, habrá pasado el 25 de noviembre. Ese llamado Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Ese día en el que muchos harán declaraciones políticamente correctas y otras, las más, habremos perdido la voz en las calles gritando desde lo más profundo, desde las tripas que estamos hartas, que ya no tenemos miedo, que esto tiene que tener punto y final. Porque, señoría, nos siguen matando hoy como ayer.


Nos matan completando el círculo. Porque pueden. Porque desde que eran niños nos tironeaban las coletas y no pasaba nada. El argumento era que reclamaban nuestra atención y claro, debían estar en todo su derecho y tú sentirte halagada. Después vinieron los piropos no deseados que te avergonzaban por la calles. Y eso nos ha pasado a todas. Como todas hemos sentido miedo en alguna ocasión al quedarnos repentinamente solas. Y es violencia, señoría, ¡vaya si es violencia!

Y, de pronto, alguno traspasa la línea en la que es respaldado por el carcajeo de sus congéneres. Y delinque, señoría. Insulta, humilla, zarandea, amenaza, agrede, hiere, viola, mata. A una mujer, a una niña, a una anciana. A todas. Y allá vamos, con nuestros miedos, nuestras heridas, las que se ven y las que no. Y allá vamos a pedir ayuda, en el mejor de los casos, si hemos conseguido reunir el coraje suficiente.

El informe de Amnistía Internacional Ya es hora que me creas recoge el testimonio de una mujer de 21 años que dice: «El policía no me creía y me interrogó cinco horas». El interrogatorio se produjo tras ser violada. La víctima no llegó a su casa hasta 17 horas más tarde. Nadie la acompañó a un centro sanitario. Nadie la informó de que tenía derecho a que la asesorara un letrado.

Y volvemos a confiar una vez más. Creemos en la justicia. En esa que siempre nos han dicho que es igual para todos. Esa que debe proteger al débil. No importa si eres mujer. Veamos pues las sacrosantas sentencias. Esas que condenan a diez meses de cárcel por «maltrato ocasional» por acuchillar e intentar estrangular a su exmujer ante sus hijos. Por cierto, es el mismo Tribunal que juzgó el caso de la Manada (aunque yo prefiero llamarlos violadores grupales que es lo que son). Pero tenemos más. Condenas por abuso en vez de violación por «el estado ebrio de la mujer y no mediar intimidación». Y seguimos. Otra sentencia. Reconocida por su señoría la violación, tiene a bien rebajar la pena del violador a tenor de que la víctima, cuando era niña, en el colegio, hizo teatro y, por consiguiente pudo «dramatizar» su declaración. ¿Qué decir de la dictada en Lleida donde la condena fue de abuso y no de agresión para dos hombres que violaron a una joven? El Tribunal entendió que aunque «la joven lloró y pidió que parasen, los agresores no usaron violencia o intimidación». Y como colofón nos llega, de fuera de nuestras fronteras, otra pintoresca sentencia que ha hecho que las redes se llenen de tangas. Parece ser que la utilización de esa prenda equivale a un consentimiento expreso. Yo creo que me he vuelto loca.

Mucho trabajo por hacer. Mucha formación para las personas que han de atender a las víctimas, a sus hijos. A las que han de condenar a sus agresores, violadores o asesinos. Más recursos, sin paliativos. Si, como apuntan los datos que facilita el SUP (Sindicato Unificado de Policía), cada policía especializado en género puede llegar a atender hasta 120 víctimas de violencia machista (en Castellón se cifra en 50 por agente), podemos hacernos a la idea de lo perentorio que es tener recursos y medios. No es posible que las mujeres sufran un doble maltrato, el del agresor y el de las administraciones públicas. Desde CCOO apostamos por los Centros Integrales Públicos de Atención a la Mujer que debe estar acompañada en todo este tránsito.

Hoy leeréis este artículo con la resaca de la jornada de ayer. No es por aguar la fiesta a nadie, es para que recordemos todas y todos que hoy es el día después. Que el trabajo sigue pendiente. Que el terrorismo machista es una cuestión de estado y que de la justicia esperamos que sea protectora, igual para todos y del siglo XXI. Y por lo que respecta a la que suscribe, mucho más que decir. Será otro día. Pero, señorías, mientras tanto, ¡no me tiren de las coletas! ¡Somos vida, no números!

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