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mar 2019

El porqué del 8 de marzo

6 de Marzo de 2019. Adoración López Romero

Es una fecha reivindicativa, ya que conmemora la muerte, el 8 de marzo de 1875 a manos de la represión policial, de 120 mujeres del textil, que se manifestaron para pedir mejoras salariales y condiciones dignas de trabajo.


En estos tiempos de hiperinformación, de tantas fechas conmemorativas, corremos el riesgo de hacer lúdico lo que fue una tragedia y sirvió como desencadenante del 8 de marzo, primero como Día Internacional de la Mujer Trabajadora y actualmente de las mujeres en general, dada la invisibilidad de las tareas domésticas. Unas tareas que supondrían sumar 6 billones de dólares al PIB mundial.

En 1908, de nuevo, 15.000 mujeres del textil reivindicaron, con el lema Pan y rosas, mejoras en las condiciones laborales y de horarios, puesto que tenían un sueldo mísero por trabajar 12 horas al día.

Estos hechos fueron detonantes para que las mujeres socialistas en EEUU proclamaran en 1910 el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, para evitar casos como lo que ocurrió al año siguiente, un 25 de marzo, donde 146 vidas, de mujeres en su mayoría y de entre 13 y 23 años, morían asfixiadas, quemadas o acabaron suicidándose, en uno de los mayores desastres industriales de la época. Esa nueva tragedia hizo que las mujeres tomaran conciencia de que debían organizarse para defenderse de la voracidad y violencia de sus patronos, que solo buscaban productividad por encima de las condiciones y las vidas de las personas que lo hacían posible. Así se creó el sindicato internacional de las mujeres trabajadoras textiles, contra los abusos patronales, porque la unión y la organización siempre nos hace más fuertes, sobre todo cuando las relaciones son tan desiguales y las leyes tan proteccionistas con el capital.

Ese movimiento se volvió imparable y se extendió por todo el mundo poco a poco, gota a gota, de la mano de millones de mujeres anónimas, que fueron sembrando conciencia y pidiendo equidad y justicia y que se las tuviera en cuenta y no se las tratara como mercancía o como menores de edad. En esos momentos surgió el movimiento feminista. Surgieron las sufragistas en Inglaterra, luchando por los derechos civiles y el derecho al voto; a ellas añadimos al movimiento feminista el color morado, el color del sufrimiento al que nos ha sometido un patriarcado anacrónico y rancio, en el que algunos partidos actuales en nuestro país se sienten tan cómodos. Nos quieren esclavas y que no compitamos, pero el movimiento es imparable.

Queremos a nuestros compañeros a nuestro lado y crear juntos un mundo más igualitario, tolerante y vivible. Se ha demostrado que el patriarcado mata.

El movimiento feminista cambió el mapa, cambió las formas, los porqués, el para qué, el cómo y para quién; vino para quedarse. Pero todo ese camino andado no acaba. No basta con lo conseguido. Hay que mantenerlo y conseguir nuevas metas, y ese trabajo es mucho más arduo. Ya hemos visto cómo el capitalismo se reinventa para destruirlo todo y cambiar el foco del problema donde las personas son más vulnerables y cómo ha creado una crisis para arrancarnos el estado de bienestar y tener que volver a pelear todo lo avanzado. En ello estamos.

Mirando atrás vemos que esa voracidad no ha acabado. En el 2013, y de nuevo en una fabrica textil, murieron 1.129 personas, la mayoría mujeres, niñas y ancianas y también hubo 2.515 heridos. Todo ello en un país devastado como Bangladesh donde la protección laboral no existe. O China, ese gran monstruo opaco y sin derechos, también tiene sus luchas sociales y especialmente de las mujeres.

Es importante la conciencia ciudadana, saber si estamos dispuestos a comprar marcas sin ética, como Inditex, Benetton, Mango, Primark o C&A, que quedaron al descubierto en esta tragedia como empresas sin responsabilidad social corporativa alguna. Los sindicatos, tan denostados por este capital tan voraz y violento, hicimos una gran labor con muy pocos medios, para que estas firmas se comprometieran a exigir a sus filiales mejoras laborales acordes al siglo XXI.

Por eso el 8 de marzo es un día reivindicativo y lo defendemos este año con la huelga, para tener una sociedad más justa, de progreso e integradora.

 

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