7

may 2020

Lo normal y lo anormal

7 de Mayo de 2020. Javier Pérez Ferre

Artículo de Javier Pérez Ferre, responsable de la Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO l'Alacantí-les Marines. "En este 28 de abril, Día Internacional de la Salud Laboral vaya como inicio nuestro recuerdo y homenaje a los trabajadores y las trabajadoras que han muerto, han sido lesionadas o enfermas por ir a trabajar".


En este 28 de abril, Día Internacional de la Salud Laboral vaya como inicio nuestro recuerdo y homenaje a los trabajadores y las trabajadoras que han muerto, han sido lesionadas o enfermas por ir a trabajar.

Aún recuerdo la imagen de Aguirre pavoneándose frente a las enfermeras en un hospital público o a los dirigentes del PP justificando las bondades de la sanidad privada o experimentado con la gestión privada de hospitales. Así durante los años más duros de la anterior crisis económica, tanto el Gobierno de Rajoy como algunas comunidades autónomas, infligieron recortes en el gasto sanitario del que aún no se ha recuperado el Sistema Nacional de Salud. Esos recortes fueron tan indiscriminados que hoy en día han dado como resultado su saturación, esa falta de recursos humanos y materiales junto con la mejorable y, en ocasiones, improvisada manera de gestionar la crisis sanitaria por parte del gobierno nos ha llevado al desastre actual. Ahora, sin embargo es más que unánime el agradecimiento de la ciudadanía al ingente esfuerzo realizado por todo el personal que está teniendo un papel más que fundamental en la lucha contra esta maldita pandemia, tanto el sistema sanitario público como los trabajadores y trabajadoras de los servicios esenciales, de residencias, limpieza, correos, servicio de empleo público, reparto de alimentos y bebidas, supermercados etc. Gentes que se están dejando literalmente la vida para que el resto del país sobreviva y que nunca jamás recibirán el reconocimiento y la gratitud que se merecen aunque se ha demostrado sobradamente que el personal del sector público y, en general, la clase trabajadora es absolutamente imprescindible para el funcionamiento del país.

Pero hay actitudes que llaman poderosamente la atención y que demuestran a las claras que la pandemia no es sólo sanitaria y que la gestión de la prevención en la mayoría de las empresas hace aguas por todas partes sin tener en cuenta que el cumplimiento de las normas de salud laboral y de las directrices de Sanidad pública son la columna vertebral en la salida del COVID-19. Un ejemplo que ilustra a la perfección la situación que sufren los trabajadores y trabajadoras que pertenecen a los llamados servicios esenciales: hace unos días una delegada me comentó que uno de los gerentes de una gran cadena de establecimientos de alimentación ante las quejas y lógica preocupación de las trabajadoras por la deficiente gestión del riesgo de contagio en el centro de trabajo le espetó : “tenéis que tener en cuenta de una vez que este es un tema de Sanidad Pública, no de riesgos laborales, por lo tanto el servicio de prevención no puede solventar temas que no están a su alcance ni son de su incumbencia“ centrifugando, de esta manera, sus responsabilidades y poniéndose de perfil frente a la situación .Si bien nadie duda de que se trata de un tema con una variante fundamental de salud pública no hace falta ser precisamente un lince para cerciorarse que la pandemia en los centros de trabajo es también inequívocamente un tema de salud laboral y que es importantísima la labor de los servicios de prevención y de los y las delegadas de prevención. Pero todo el tema se está gestionando de forma muy deficiente por la mayoría de las empresas y a los servicios de prevención se les ha ido el problema completamente de las manos. La cuestión no radica en que por ser situaciones derivadas de una alerta sanitaria de carácter global no sea exigible la realización de evaluaciones de riesgo, es justo lo contrario, es importantísima la evaluación efectiva de las actividades y tareas concretas que realizan las personas trabajadoras.

De esta crisis, de las enormes facturas sanitarias, económicas y también psíquicas el panorama que se otea es de incertidumbre, pero supongo que de esta bajada a los infiernos más personales, a las soledades, a las pérdidas más dolorosas y, especialmente, a la más tremenda y angustiosa de las incertidumbres sobre todo, sobre absolutamente todo, convirtiéndonos en un colectivo que sólo tiene montones de preguntas sin respuesta a muchas de ellas, de este arsenal tan tóxico tendremos que reinventarnos y aunque ya nada sea igual, hay que aprender y seguir adelante porque no nos queda otra, porque como clase trabajadora que somos tendremos la fuerza para caminar y que no sean nuestros proyectos de vida los que se queden por el camino.

Y para ello necesitaremos por un lado de políticas públicas que tengan como prioridad a las personas y la clase trabajadora en particular y que en la gestión empresarial la inversión en la prevención de riesgos y la salud laboral sea lo que guíe su actuación.

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