26

feb 2014

Efectos colaterales de la desigualdad salarial

26 de Febrero de 2014. CCOO PV


Son datos y no opiniones, los que constatan que en este país, las mujeres empiezan trabajando en las peores condiciones y con los salarios más bajos. Es indiferente su preparación y su disposición. Su acceso al mercado laboral sigue estando acotado por factores externos, absolutamente discriminatorios como es el  estado civil o las  cargas familiares que deban atender. Y los salarios que perciben son inferiores hasta en un 23 %, o dicho de otra forma trabajan gratis casi tres meses al año, 84 días exactamente, dato de enorme difusión en estas fechas y de absoluta omisión el resto del año.

Ocupan por ello  el trabajo precario - temporal , a jornada parcial-  y cobran nóminas raquíticas porque para muchos, lo suyo no es un trabajo sino  una "ayuda" que sólo complementa pero no sustenta. En los tiempos que corren,  quienes optan por un contrato a tiempo  parcial es porque así se lo imponen y no por deseo propio mientras que los contratos indefinidos son un espejismo inexistente. En 2012, 1.700.000 mujeres percibían nóminas inferiores a 612 euros mensuales, es decir, por debajo del umbral de la pobreza.

Con la reforma laboral, que excluye del mercado de trabajo a los más vulnerables y desprotegidos han sido las mujeres las que se han visto en la calle con mayor rapidez. A veces porque sufren despidos, rápidos, baratos y sin complicaciones. Otras porque ellas abandonan, incapaces de afrontar responsabilidades familiares que la Administración vía recortes, deja a su cargo, en exclusiva y en soledad, como ha sido siempre.

Y ahí están, en la calle, la mayoría de ellas sin percibir ningún tipo de prestación porque sus carreras laborales se lo han puesto muy difícil. Hay casi 3 millones de mujeres que constan como desempleadas pero sólo 580.000 perciben ayuda. Ayudas que duran menos y que pueden suponer hasta 1825 euros anuales  menos que las de un parado varón en su misma situación.

Las secuelas no acaban aquí. Con menores ingresos, las rentas derivadas del trabajo también lo son. Más del 70 % de las pensiones que cobran las mujeres están por debajo del SMI y  son ellas la mayoría de quienes  han de sobrevivir con la renta mínima de inserción.

Empiezan mal y acaban peor, porque sus carreras laborales, cortas, mal pagadas y llenas de interrupciones son  siempre las que generan una menor protección social.

Por eso el Parlamento Europeo asumió la lucha contra la brecha salarial como una prioridad política aunque de hecho, en España se perciben mas retrocesos que avances en armonía con el afán regresivo que marca este  Gobierno reaccionario y agresivo en sus políticas de recortes.

Por eso, la brecha salarial es una realidad que no se puede obviar, ni normalizar porque es una realidad esencialmente injusta que impone a las mujeres un presente de miseria y un futuro sin esperanzas.

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