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nov 2017

25N No podemos permitirnos perder esta batalla

27 de Noviembre de 2017. Cloti Iborra

En el ámbito laboral las mujeres se enfrentan a dificultades añadidas en un mercado de trabajo que sólo les ofrece precariedad y pobreza, brecha salarial y pésimas condiciones de trabajo. El tiempo de las mujeres es un desafío constante que pone a prueba su resistencia y limita sus posibilidades de ocio y crecimiento personal.


La violencia es la forma más primitiva y cruel de un ejercicio ilegítimo del poder, utilizada para castigar y seguir manteniendo una posición dominante. La violencia ha marcado la historia de la humanidad con cicatrices indelebles. Apuramos 2017 y rebrota una violencia especialmente cruel, una herramienta de dominio y sumisión de las mujeres, para imponer el mantenimiento perverso de una desigualdad estructural entre los sexos.

La principal función de la violencia machista es someter a las mujeres, hacerlas vivir en el miedo y la resignación, privarlas de sus derechos como seres humanos. Es la principal manifestación de una desigualdad que tiene múltiples caras.

Los mensajes en los medios informativos, en los libros de texto, en la publicidad son fuentes de alimentación del machismo. Como el lenguaje que nos excluye o nos asigna etiquetas habitualmente relacionadas con roles tradiciones, socialmente considerados en una escala inferior de los que desempeñan nuestros compañeros. Como toda una construcción cultural que invisibiliza nuestros logros y talentos, que discute nuestro derecho a vivir de forma independiente y autónoma.

La magnitud de la violencia contra las mujeres la sitúa en el ámbito público del terrorismo, por lo que ha de ser abordada desde la firme voluntad política y con una perspectiva transversal. Así lo hace, y es uno de sus aciertos, el recientemente suscrito Pacto valenciano contra la violencia machista, impulsado por el Gobierno valenciano y suscrito por un amplio espectro de entidades, organizaciones y servicios públicos, entre ellas Comisiones Obreras, que lo valora como un buen principio, pero que quedaría inconcluso si su aplicación no queda finalmente garantizada.

Cada vez que una mujer es humillada por el hecho de ser mujer toda la sociedad ha de sentirse interpelada, agredida por una violencia que atenta directamente contra la la integridad, la dignidad y el efectivo ejercicio de los derechos del ser humano. Superada ya la cómoda creencia que lo reducía a un problema doméstico, y plenamente conscientes de su carácter estructural, se impone la actuación de los poderes públicos, con medidas efectivas sustentadas en presupuestos suficientes.

Porque es evidente que se precisan herramientas legislativas que erradiquen ese acuerdo social que asigna a las mujeres un papel subordinado, como ciudadanas de segunda clase. Ciertamente no son las leyes quienes cambian prejuicios y estereotipos, pero pueden dificultar o ayudar, y mucho, a señalar una hoja de ruta que nos lleve en la dirección correcta.

Debemos utilizar todas las armas a nuestro alcance en una batalla que la sociedad no puede perder. El empeño de las organizaciones sindicales y de las mujeres sindicalistas es asegurar una independencia económica, derivada de la posibilidad de obtener salarios justos por nuestro trabajo, en condiciones de igualdad, que permitan una vida digna.

Por eso nos encontrarán en en la calle, en los foros, en las plataformas, en cualquier lugar donde la lucha contra la violencia de género sea una prioridad. CCOO PV estará presente y activa, a pleno pulmón en la manifestación del 25 de noviembre en Valencia, que este sábado partirá a las 19h desde el Parterre, convocadas por la Plataforma feminista de Valencia, porque "Nos queremos vivas, libres y rebeldes, juntas somos más fuertes”.

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